Las autoridades españolas han obstaculizado el trabajo de los fotógrafos durante la pandemia. Las limitaciones a su trabajo aleja a los ciudadanos de la verdadera tragedia que vive España y refuerzan la realidad ficticia que transmiten redes como Instagram.

 En España, las imágenes de diversión, playas, vacaciones y entretenimiento acompañaron el final del primer confinamiento de junio y dieron una falsa sensación de que todo había terminado. “La nueva normalidad” declarada prematuramente por el gobierno lo parecía de verdad, mientras las llamadas de médicos y científicos a la precaución eran desatendidas. Hoy, en medio de una segunda ola que vuelve a situarnos como uno de los principales focos de contagios del mundo, Instagram sigue mostrándonos un mundo paralelo. Y aunque tiene su lado bueno —necesitamos una ventana por la que mirar a otro lado—, el riesgo es que la ficción se haga tan real que nos encierre en una burbuja y limite nuestra capacidad de respuesta ante lo que será una larga batalla.


 

Artículo Anterior Artículo Siguiente