La Policía Nacional ha incorporado los dispositivos electrónicos de control - conocidos como «pistolas eléctricas» o Táser, su nombre comercial- dentro del armamento de uso policial. Se han adquirido este año 300 unidades -a las que se sumarán otras 700-, repartidas en distintas unidades y servicios, sobre todo uniformados. Su uso, eminentemente disuasorio, estará restringido a aquellos agentes que hayan superado la formación necesaria.
Se habla de «situaciones de extrema y urgente necesidad« y se prohíbe que se utilicen con niños, mujeres embarazadas, personas de edad avanzada y «personas débiles de salud».
En las cárceles solo se podrán emplear en caso de motines o toma de rehenes, no se deben usar en manifestaciones, ni cerca de sustancias inflamables o si el objetivo está en un lugar desde el que pueda caer al vacío
El documento que regula el manejo fija además que se debe informar al juez tras la intervención y «siempre que sea posible» grabar la actuación y las imágenes de las zonas donde se ha producido la descarga. Se especifica también que «el uso de la fuerza es el último recurso y los agentes se deben ajustar a los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad» y antes de recurrir a la «táser» los agentes deben haber agotado todas las vías de diálogo y mediación.

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