Pekín se ha convertido en una megalópolis fantasmal con calles desiertas en un gélido aire invernal, locales clausurados por todas partes y con muy pocos viandantes que se atreven a salir cubiertos con mascarillas -cuando no también con guantes de látex para evitar cualquier posible contagio. Los grandes y populares centros comerciales de la ciudad han cerrado sus puertas y en los hoteles semivacíos a los clientes y visitantes se les toma la temperatura al entrar, al igual que se hace en cada estación del casi siempre atestado y hoy desangelado metro pequinés. Según los últimos datos oficiales, en Pekín se contabilizan hasta el momento un muerto y 253 infectados por el coronavirus, mientras que 24 de los enfermos diagnosticados han conseguido recuperarse
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